30 abr. 2015

Lo que nos pasa, porque lo dejamos pasar

Hace unos años atrás, después de mis estudios de Maestría, me pregunté sobre los costos de oportunidad que genera para el desarrollo de las ciudades, así como para cualquier pueblo colombiano, la no continuidad de políticas públicas de interés colectivo. En otras palabras, más coloquiales, qué implica no seguir construyendo sobre lo construido.
Desde mi visión económica, no ortodoxa, existen muchos argumentos que demuestran, dependiendo del enfoque trascendente de las cosas, que los costos son relativos en cuanto a los fines políticos, de la continuidad –o no- de ciertas políticas públicas. En otras palabras, todo depende.
Pero como cualquier persona de bien, interesado de una convivencia social armónica, deseoso de un mayor bienestar colectivo, sin complicarme la vida pensando en lo que nos hace distintos –todo lo contrario, lo que nos hace semejantes-, considero que construir sobre lo construido es lo más sensato; aunque haya que pulir algunas cosas (porque la sociedad hay que recrearla).
Por lo anterior, cuando reviso lo que acontece en el País, por estos días, de manera general, observo que estamos viviendo nuestra propia realidad. Realidad histórica, como estructura institucional, construida y replicada, una y otra vez, y cuyos orígenes siguen vigentes. La incoherencia política e ideológica que sobre una visión de Estado-Nación aún no logramos concretar. Porque la consigna es: sálvese quien pueda, no de papaya pero aproveche toda la papaya que le den, etc.   
Esa lógica de desunión, de falta de caridad humana, de desconfianza y “viveza”, del que es avispado y verraco, del que es un duro y un putas, es la que ha logrado configurar la cultura social que hoy nos molesta tanto (pero cuando quien la evidencia es el otro). Porque no existe la conciencia colectiva que son esas las actitudes las que a todos nos afecta como sociedad. Y, por lo tanto, al no autocensurarnos, el ser conscientes que debemos alimentar nuestro propio auto-gobierno, es lo que alimenta, día a día, la institucionalidad que tanto nos distingue: ser legales en la forma (aparentar) pero ilegales en el fondo (aprovechar toda papaya puesta). Y de eso somos todos, incoherentemente, conscientes (empezando por nuestros políticos).
Ahora que estamos en los diálogos de paz en la Habana, entre el Gobierno Nacional y la FARC, en el paro de los Maestros Colombianos en cabeza de FECODE, en pulso político con el Ministerio de Educación Nacional, que cada día hay más colados en el Sistema Trans-Milenio en la Ciudad de Bogotá, entre otras muchas cosas, la pregunta que me hago es: ¿no es esto un mismo síntoma, como guion, de varias películas que a diario vemos en nuestra sociedad?
El deseo de construir una sociedad distinta a ésta, que tanto los molesta (en verdad), nos debe llevar a acordar (de fondo) una nueva manera de convivir y alcanzar un mayor progreso social. Y eso tiene que ver con el papel que debe jugar la educación en este nuevo ordenamiento social, a partir de la construcción de una nueva institucionalidad. Una institucionalidad incluyente, como lo postulan Acemoglu y Robinson @whynationsfail.
A mi modo de ver, por mi pasión en los temas educativos y formativos, dado el inobjetable contexto global y económico que nos rodea, con cambios vertiginosos en todos los procesos productivos, a causa de los mismos procesos de innovación y desarrollo tecnológico, que desafían los rígidos sistemas educativos y formativos, deberían ser los mismos procesos innovadores (disruptivos) de los sistemas educativos y formativos la solución, como respuesta a estos grandes desafíos.
La exclusión e incoherencia política (e ideológica) que el país ha mantenido hasta el momento (desde la misma independencia), sobre el papel de la educación y formación (práctica) en el desarrollo económico y social del país (con base en las ideas del libro "El Ideal de lo práctico" de Frank Saford), evidencia la triste construcción de la institucionalidad “no incluyente” que vive el país.

Por eso considero, aprovechando el momento político que estamos viviendo, donde la educación está por primera vez en el primer lugar de la agenda nacional, para que entre todos, padres de familia, docentes y gobierno, hagamos un verdadero pacto por la educación que este país merece; como verdadera estrategia de desarrollo económico y progreso social. Reconociendo que el sistema educativo debe tener buenos docentes, bien pagos y socialmente reconocidos como claves en esta apuesta. Y que las familias deben estar más comprometidas con un sistema educativo de calidad, donde la Co-Formación (Escuela/Docentes y Familia) sea un requisito fundamental en esta apuesta. Y que el Gobierno Nacional, con visión de Estado, promueva en el diseño y el desarrollo de políticas públicas necesarias –de largo aliento- para afianzar ese gran propósito de construir progresivamente una institucionalidad incluyente. Para la concreción de una prosperidad colectiva, desde la diferencia, la inclusión y la equidad.

Las Competencias

Discurso Steve Jobs - Apple.......

http://youtu.be/MHFIeDXgyBw

¿Sabia Usted que....?

¡Basta de Historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro

Una entrevista de CNN con Andrés Oppenheimer (periodista y editor del Miami Herald para América Latina) quien lanza su libro “¡Basta de Historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro”.

Habla sobre la importancia de la educación para el desarrollo de nuestros países y señala el papel que, para el mejoramiento de la calidad educativa, deben cumplir el Gobierno, los docentes, los empresarios, el sindicato.

Comparto las dos sesiones de toda la entrevista, porque contiene planteamientos muy interesantes.

Entrevista - Primera parte (15 minutos)

Entrevista - Segunda parte (8 minutos)

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